album cover
Cuento Blancanieves
998
Children's Music
Cuento Blancanieves was released on January 1, 2021 by Garra Records as a part of the album 15 Canciones para Jugar y 1 Cuento para Dormir: Blancanieves, Vol. 1
album cover
Release DateJanuary 1, 2021
LabelGarra Records
LanguageSpanish
Melodicness
Acousticness
Valence
Danceability
Energy

Credits

Lyrics

Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del
Cielo como blancas plumas. La reina cosía junto a una ventana
Cuyo marco era de ébano, y como mientras cosía se distrajo
Mirando caer la hermosa nevada, ¡ay!, se pinchó un dedo, y tres
Gotitas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la
Sangre destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó
- ¡Ay, si pudiese tener una hija con una piel tan blanca como
La nieve, con mejillas sonrosadas como se ve ahora esta
Sangre, y cabellos tan negros como el ébano de esta ventana!
No mucho tiempo después le nació una niña que era blanca
Como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabellos
Negros como la madera del ébano, y por eso le pusieron
De nombre Blancanieves. Pero al nacer, la reina murió
Un año más tarde, el rey volvió a casarse. La nueva reina
Era muy bella, pero orgullosa y altanera, y no podía sufrir
Que nadie le aventajase en la hermosura. Tenía un espejo
Prodigioso, y cada vez que se miraba en él le preguntaba
- Espejito en la pared, dime una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
Y el espejo le contestaba invariablemente
- Señora reina, vos sois la más hermosa del país
La reina quedaba satisfecha, pues sabía
Que el espejo decía siempre la verdad
Blancanieves fue creciendo, y se hacía más bella cada día. Cuando
Cumplió los siete años, era tan hermosa como la luz del sol
Y mucho más que la misma reina. Al preguntar ésta un día al espejo
- Espejito en la pared, dime una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
- Señora reina, vos sois como una estrella
Pero Blancanieves es mil veces más bella
La reina se espantó palideciendo de envidia, y desde entonces
Cada vez que veía a Blancanieves, sentía que se le revolvía el
Corazón. Tal era el odio que abrigaba contra Blancanieves, y la
Envidia y la soberbia, como las malas hierbas, crecían cada vez
Más altas en su alma, no dejándole un instante de reposo, ni de
Día ni de noche. Finalmente, llamó un día a un cazador y le dijo
- Llévate a la niña al bosque, no quiero tenerla más
Ante mis ojos. La matarás, y en prueba de haber
Cumplido mi orden, me traerás sus pulmones y su hígado
El cazador obedeció, y se marchó al bosque con la muchacha
Pero cuando se disponía a clavar su cuchillo de monte en
El inocente corazón de la niña, ésta se echó a llorar
- Piedad, buen cazador, déjame vivir. Me
Quedaré en el bosque y jamás volveré al palacio
Y era tan hermosa, que el cazador, apiadándose de ella, le dijo
- Márchate, pues, pobrecilla. No tardarán las fieras en devorarte
Y sin embargo, le pareció como si le quitaran una piedra del
Corazón al no tener que matarla. Y como justo pasó por allí un
Ciervito, lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado, y se
Los llevó a la reina como prueba de haber cumplido su mandato
La perversa mujer los entregó al cocinero para que los guisara
Y se los comió convencida de que comía la carne de Blancanieves
La pobre niña se encontró sola y abandonada en el inmenso bosque
Se moría de miedo, y el menor movimiento de las hojas de los árboles
Le daba un sobresalto. No sabiendo qué hacer, echó a correr por
Entre los pinos y las piedras puntiagudas, y los animales de la
Selva pasaban saltando por su lado sin causarle el menor daño
Llegó a un claro del bosque y se encontró con una pequeña casita
Al golpear su puerta, se abrió sola. En su interior había una mesita
Cubierta con un mantel blanquísimo, con siete minúsculos platitos y
Siete vasitos, y al lado de cada platito había una cucharita, un
Cuchillito y su tenedorcito. Alineados junto a la pared, se veían
Siete camitas con sábanas de inmaculada blancura. Blancanieves, como
Estaba muy hambrienta, comió un poquitito de legumbres, un bocadito
De pan de cada platito y bebió una gota de vino de cada copita, pues
No quería tomarlo todo de uno solo. Luego se sintió muy cansada
Quiso echarse en una de las camitas, pero ninguna era
De su medida: resultaba demasiado larga o demasiado
Corta, hasta que, por fin, la séptima le vino bien
Se acostó en ella, se encomendó a Dios y quedó dormida
Cerrada ya la noche, llegaron los dueños de la casita. Eran
Siete enanos que se dedicaban a excavar minerales en el monte
Encendieron sus siete lamparillas y, al iluminarse la habitación
Vieron que alguien había entrado en ella, pues las cosas no
Estaban en el orden que ellos las habían dejado al marcharse
- ¿Quién se ha sentado en mi sillita?
- ¿Quién ha comido de mi platito?
- ¡Aquí han comido un poco de mi verdurita!
- ¿Pero quién ha cortado un poco de mi pan?
- ¿Quién pinchó con mi tenedorcito?
- ¡Han bebido de mi vasito!
- ¿Quién ha cortado con mi cuchillito?
- ¿Pero quién se ha subido a mi camita?
- ¡Alguien estuvo en la mía!
Pero el séptimo, al examinar la suya, descubrió a Blancanieves
Dormida en ella. Llamó entonces a los demás, los cuales acudieron
Presurosos, y no pudieron suprimir sus exclamaciones de admiración
Cuando, acercando las siete lamparitas, vieron a la hermosa niña
¡Oh, Dios mío, qué criatura más bella!
Y fue tal su alegría, que decidieron no despertarla, sino dejar
Que siguiera durmiendo en la camita. El séptimo enano se acostó con
Sus compañeros, una hora con cada uno, y así transcurrió la noche
Al amanecer, se despertó Blancanieves, y al ver
A los siete enanos, tuvo un sobresalto. Pero
Ellos la saludaron amablemente y le preguntaron
¿Cómo te llamas?
Blancanieves
¿Y cómo llegaste a nuestra casa?
Ella les contó que su madrastra había dado orden de matarla
Pero el cazador le había perdonado la vida, y ella había estado
Corriendo todo el día hasta que, al atardecer, encontró la casita
¿Quieres cuidar de nuestra casa, cocinar, hacer las camas
Lavar la ropa y mantener todo ordenado y limpio? Si
Es así, puedes quedarte con nosotros y nada te faltará
¡Sí, con mucho gusto!
A partir de entonces, cuidaba la casa con todo esmero. Por la
Mañana, ellos salían a la montaña en busca de oro, y al regresar
Por la tarde, encontraban la comida preparada. Durante el día
La niña se quedaba sola, y los buenos enanitos le advirtieron
Guárdate de tu madrastra, que no debe saber que
Estás aquí. Y no dejes entrar a nadie. Recuérdalo
La reina, desde que creyó haberse comido los pulmones y el
Hígado de Blancanieves, vivía segura de volver a ser la
Primera en belleza. Se acercó un día al espejo y le preguntó
Espejito en la pared, dime una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
Señora reina, vos sois aquí como una estrella, pero vive en las
Montañas con los enanos Blancanieves, que es mil veces más bella
La reina se sobresaltó porque sabía que el espejo jamás mentía
Y se dio cuenta de que el cazador la había engañado y que
Blancanieves no estaba muerta. Pensó entonces otra manera de
Deshacerse de ella, pues mientras hubiese en el país alguien
Que la superara en belleza, la envidia no la dejaría reposar
Finalmente, tuvo una idea: se pintó la cara y se vistió
Como una vieja lechucera, quedando completamente desconocida
Así disfrazada, se dirigió a las siete montañas y
Llamando a la puerta de los siete enanitos, gritó
¡Vendo cosas buenas y bonitas!
Blancanieves se asomó a la ventana y dijo
Buenos días, buena mujer. ¿Qué traes para vender?
Cosas finas, cosas finas, lazos de todos los colores
Bien, puedo dejar entrar a esta pobre mujer
Pensó Blancanieves
Qué linda eres, niña. Ven que yo misma te pondré el lazo
Le dijo la anciana. Blancanieves, sin sospechar nada, se puso
Delante de la vendedora para que le atase la cinta alrededor
Del cuello. Pero la bruja le hizo tan bruscamente y apretando
Tanto, que a la niña se le cortó la respiración y cayó muerta
Ahora ya no eres la más hermosa
Al cabo de poco rato, ya anocheciendo, regresaron los siete enanos
El susto fue grande cuando la vieron tendida en el suelo, a su
Querida Blancanieves, sin moverse. Corrieron a incorporarla y vieron
Que el lazo le apretaba el cuello. Se apresuraron a cortarlo. La
Niña comenzó a respirar levemente y poco a poco fue volviendo en sí
Al oír los enanos lo que le había sucedido, le dijeron
La vieja vendedora no era otra que la malvada reina. Cuídate muy
Bien de no dejar entrar a nadie mientras nosotros estamos ausentes
La mala mujer, al llegar al palacio
Corrió ante el espejo y le preguntó
Espejito en la pared, dime una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
Señora reina, vos sois aquí como una estrella, pero vive en las
Montañas con los enanos Blancanieves, que es mil veces más bella
Al oírlo, del despecho toda la sangre le fluyó al
Corazón, pues vio que Blancanieves seguía viva
Esta vez idearé una treta de la que no te escaparás
Y valiéndose de las artes diabólicas en que era maestra
Fabricó un peine envenenado. Luego, volvió a disfrazarse
Adoptando también la figura de una vieja, y se fue a
Las montañas y llamó a la puerta de los siete enanos
Buena mercancía para vender
Blancanieves se asomó a la ventana y le dijo
Seguid vuestro camino, que no puedo abrir a nadie
Al menos podrás mirar lo que traigo
Dijo la anciana
Y sacando el peine, lo levantó en el aire. Le gustó tanto el peine a
La niña, que olvidándose de todas las advertencias, abrió la puerta
Cuando se hubieron puesto de acuerdo
Sobre el precio, la viejita dijo
Deja que te peine como Dios manda
La pobre Blancanieves, no pensando nada malo, dejó que la
Viejita la peinara. Y al deslizar el peine en el cabello
El veneno produjo su efecto y la niña se desplomó insensible
¡Dechado de belleza! ¡Ja, ja, ja! ¡Ahora sé que estás lista!
Pero afortunadamente faltaba poco para la noche y los enanitos no
Tardaron en regresar. Al encontrar a Blancanieves inanimada en
El suelo, en seguida sospecharon de la madrastra y buscando
Descubrieron el peine envenenado. Se lo quitaron y al momento volvió
La niña en sí. Ella les explicó lo ocurrido y ellos le advirtieron
Nuevamente que debía estar alerta y no abrir la puerta a nadie
La Reina, nuevamente en el palacio, fue directamente a su espejo
Espejito en la pared, dime una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
Y como las veces anteriores, respondió el espejo
Señora Reina, vos sois aquí como una estrella, pero vive en las
Montañas con los enanos Blancanieves, que es mil veces más bella
Al oír estas palabras del espejo, la
Malvada bruja se puso a temblar de rabia
Blancanieves, morirás aunque me haya de costar a mí la vida
Y bajando a una cueva secreta a donde nadie tenía acceso sino ella
Preparó una manzana con un veneno fuertísimo. Por fuera era preciosa
Brillante y sonrosada, capaz de hacer agua la boca a cualquiera que
La viese, pero un solo bocado significaba la muerte segura
Cuando tuvo preparada la manzana, se pintó nuevamente
La cara, se vistió de campesina y se encaminó a las siete
Montañas, a la casa de los siete enanos. Llamó a la puerta
Blancanieves asomó la cabeza a la ventana y dijo
No debo abrir a nadie, los siete enanitos me lo han prohibido
Como quieras, pero yo quiero deshacerme
De mis manzanas. Mira, te regalo una
No, no puedo aceptar nada
¿Temes acaso que te envenene? Fíjate, corto la manzana en
Dos mitades, tú te comes la parte más roja y yo la otra
La fruta estaba preparada de modo que solo el lado más rojo
Tenía veneno. Blancanieves miraba la fruta con ojos codiciosos
Y cuando vio que la campesina lo comía, no pudo resistirse
Alargó la mano y tomó la mitad envenenada, pero no bien mordió
El primer trocito, cayó en el suelo muerta. Contemplándola
La Reina, con una mirada de rencor y echándose a reír, dijo
¡Ja, ja, ja! Blanca como la nieve, roja como la sangre
Negra como el ébano, esta vez no te resucitarán ni los enanos
Al llegar al palacio, preguntó al espejo
Espejito en la pared, dime ahora una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
Y el espejo le respondió al fin
Señora Reina, vos sois aquí la más hermosa en todo el país
Solo entonces se aquietó su envidioso corazón, suponiendo que un
Corazón envidioso pueda aquietarse. Los enanitos, al volver a su
Casa aquella noche, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo
Sin que en su rostro se vea el más mínimo gesto de respiración
Estaba muerta. La levantaron, se fijaron si tenía encima algún objeto
Envenenado, la desvistieron, la peinaron, la lavaron con agua y vino
Pero todo fue inútil. La pobre niña estaba definitivamente muerta
La colocaron en un ataúd y los siete, sentándose alrededor, la
Estuvieron llorando por espacio de tres días. Luego pensaron en darle
Sepultura, pero viendo que el cuerpo se conservaba lozano como el
De una persona viva y que sus mejillas seguían sonrosadas, dijeron
No podemos enterrarla en el seno de la tierra negra
Diciendo esto, mandaron a fabricar una caja de cristal transparente
Que permitiese verla desde todos lados. La colocaron en ella y
Grabaron su nombre con letras de oro: "Princesa Blancanieves"
Después transportaron el ataúd a la cumbre de la montaña y uno de
Ellos, por turno, estaba siempre allí velándola y hasta los animales
Acudieron a llorar a Blancanieves. Primero una lechuza, luego un
Cuervo y finalmente una paloma. Así estuvo Blancanieves mucho
Tiempo reposando en su ataúd sin descomponerse. Dormida seguía
Siendo blanca como la nieve, roja como la sangre y con el cabello
Negro como el ébano. Sucedió que un príncipe que se había metido
En el bosque se dirigió a la casa de los enanitos a pasar la noche
Vio en la montaña el ataúd que contenía a la
Hermosa Blancanieves y leyó la inscripción grabada
Con letras de oro. Dijo entonces a los enanitos
Denme el ataúd, les pagaré por él lo que quieran
Pero los enanos le contestaron
Ni por todo el oro del mundo lo venderíamos
En tal caso, regálenmelo, pues ya no podré vivir
Sin ver a Blancanieves. Juro que la honraré y la
Reverenciaré como a lo que más quiero en el mundo
Al oír estas palabras, los hombrecillos sintieron compasión del
Príncipe y le regalaron el féretro. El príncipe mandó que sus
Criados lo transportaran sobre sus hombros, pero ocurrió que en
El camino tropezaron contra una roca y de la sacudida saltó del
Cuello de Blancanieves el bocado de manzana envenenada que todavía
Tenía atragantada. Al poco rato, la princesa abrió los ojos y
Recobró la vida. Levantó la tapa del ataúd, se incorporó y dijo
Dios santo, ¿dónde estoy?
Estás conmigo, te quiero como a nadie en el mundo
Ven al castillo de mi padre y serás mi esposa
Accedió Blancanieves y se marchó con el príncipe al palacio
Donde enseguida se dispuso la boda que debía celebrarse
Con gran esplendor. A la fiesta fue invitada también la
Malvada madrastra de Blancanieves. Una vez que se puso
Los vestidos más lujosos, fue al espejo y le preguntó
Espejito en la pared, dime una cosa
¿Quién es de este país la más hermosa?
Señora reina, vos sois como una estrella
Pero la reina joven es mil veces más bella
La malvada mujer soltó una palabrota y tuvo tal sobresalto que
Quedó como fuera de sí. Su primer propósito fue no ir a la boda
Pero la inquietud la carcomía y no pudo resistir al deseo de
Ver a aquella joven reina. Al entrar en el salón, reconoció a
Blancanieves y fue tal su espanto que cayó en el suelo muerta
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